caminado calle imprudencia

Hay personas que creen que “pagan chapa”, como dicen en el argot popular, porque se piensan dueños de la vía y caminan por el medio de esta como si fueran el más grande de los camiones.

Ser chofer tiene sus cosas. No es solo cambiar velocidades y equilibrar con el timón, incluso va más allá de conocer las leyes y señales de tránsito. Hay que estar atento al vehículo propio y a los ajenos: autos, motos, bicicletas, coches… en fin, la lista es interminable, y a ella hay que sumar los peatones.

 

Pero no son los despistados que cruzan la calle sin mirar a los lados quienes motivaron este comentario, sino los que “pagan chapa”, como dicen en el argot popular a quienes se creen dueños de la vía y caminan por el medio de esta como si fueran el más grande de los camiones.

 

Ausencia de aceras o su mal estado constructivo, huecos, escombros, charcos de agua… sobran los motivos razonables por los cuales los cubanos caminamos por la calle, sin embargo, necesidad no debe convertirse en costumbre, y eso es lo que ha ocurrido con esta práctica.

 

Hoy día ya existen personas que “hacen alergia a la acera”, como si el espacio les fuera insuficiente para mover los pies y se lanzan a transitar por la amplitud de la arteria, amén del riesgo que corre, más que nada, su propia vida, y aunque suene inverosímil muchos hasta se enojan y gritan improperios a los conductores como si fueran aquellos los equivocados.

 

Está de más enumerar los varios finales que puede tener una escena así, y ninguno es feliz.

 

Lo más triste del caso es que, en muchas ocasiones, llevan a pequeños de la mano, que no solo están adquiriendo pésimo hábito, sino que apenas empezaron a vivir y ya su vida está en riesgo.

 

Las escenas de estas indisciplinas ya forman parte de la idiosincrasia: conductores tocando el claxon para que los peatones se aparten y ni siquiera hacen caso, siguen tranquilamente, y “el chofer que se corra si la calle tiene más espacio”.

 

A pesar de lo increíble que parece es así, y muchos han pasado sobresaltos cuando un carro le “raya la pintura” -como dicen después del susto- al pasar a escasos milímetros de distancia.

 

El Capítulo 5 de la Gaceta Oficial de la República de Cuba, en su sección primera, establece las obligaciones de los peatones cuando transitan por la vía y al cruzarla. Por ejemplo, en el artículo 146 inciso 3 “se prohíbe a los peatones invadir o permanecer en la calzada de forma tal que obstruya la circulación vehicular.”

 

Aunque lo establece la ley, las autoridades pertinentes no toman cartas en el asunto, pues varios entrevistados afirman “ya es un mal sin cura”, sin embargo, alguien tiene que tirar la primera piedra, pues más que un problema de malas costumbres, indisciplinas o comodidad propia, estamos hablando de vidas humanas: la del chofer, los pasajeros, pero sobre todo y más vulnerable, la de los peatones.

 

No se trata de hacer más fácil el acto de conducir un vehículo, ni de “ponérsela simple al chofer”, ni es para romper zapatos en una acera deteriorada, tropezar o pisar un charco de agua; se trata de cuidar nuestra existencia y la de nuestros niños, ellos son, al fin y al cabo, inocentes que casi siempre resultan los más perjudicados.

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