ciudad guantanamo centroTal cualidad parece que se esfumó y, en ese acto, dejó pequeños destellos que solo a quienes saben apreciarlo y entenderlo, le despierta una sensación peculiar de agrado cuando un atisbo de su presencia indica que aún puede rescatarse.

 

Preocupa que, a estas alturas de civilización y desarrollo de la cultura, lejos de ser cada vez mayor el gusto por las cosas bellas y sublimes, se le dé cabida a lo vulgar o ridículo. Alguien puede pensar que la rutina de la vida social contemporánea impide apreciar lo dotado de hermosura.

Desde el punto de vista filosófico, la estética es la disciplina que trata lo bello y los diferentes modos de aprehensión y creación de estas realidades.

 

Se entiende como la sensación peculiar de agrado que despierta en el hombre cuando este se apropia del mundo a través de la sensibilidad.

 

El vocablo también se emplea para denotar el grado de belleza que, al gusto personal parece poseer o carecer un objeto o incluso una persona, desde alguna perspectiva más o menos indeterminada.

 

Podemos hablar de la estética en la moda, en los estilos, apariencias, pero también en la actividad artística del hombre: alguna obra de arte en la arquitectura, pintura, escultura, danza, música.

 

Pero no es la estética del arte lo que motiva este comentario, sino la ausencia de ella en el vestir, en el decorado de fachadas e interiores de los hogares. Basta observar la costosísimas inversiones de algunos al ornamentar los exteriores de sus inmuebles, sin que el buen gusto aparezca por algún lado.

 

Frentes cargados de rejas, columnas, capiteles, cenefas y otros atavíos, en una suerte de eclecticismo contemporáneo que mezcla formas, sin tener en cuenta la coherencia estilística, solo los caprichos de quienes eligen y pagan lo que consideran “estupendo”.

 

Claro está, que cada quien es libre de decorar su sitio como mejor le parezca, pero las extravagancias, lejos de resultar agradables a la vista, rompen el equilibrio y la armonía del entorno social. Luego, entonces, se hace necesario establecer normas que favorezcan el deleite de los moradores, pero sin castrar proyectos y concepciones de valor decorativo y arquitectónico.

 

La ausencia de estética no solo se manifiesta en inmuebles, se hace presente también entre las personas y su comportamiento: la chabacanería, vulgaridad, indecencia y ausencia de proceder civilizado, son cada vez más frecuentes en la sociedad, en cuyo seno se instaura como norma, y relega a la categoría de excepción las buenas prácticas y costumbres ciudadanas.

 

¡Y ni hablar del mal vestir!, escudado muchas veces en frases como “es lo que tengo”, “son mis posibilidades” “es lo que se usa”. Al margen de ingresos económicos y capacidad adquisitiva, de tendencias de las modas… subyace el mal gusto al seleccionar prendas sin atender lo que realmente puede lucir bien.

 

Sin abandonar preferencias al vestir, al decidir el atuendo, debe tenerse en cuenta junto al estilo, la ocasión y, en consecuencia, decidir si el traje es de noche, gala, sport y contrastar con él los accesorios pertinentes.

 

El gusto es el sentido mediante el cual percibimos lo “bello” y lo “feo”, aunque esos subjetivos conceptos pueden variar a tenor con los valores estéticos inculcados desde pequeños, y que hay que fomentar desde el seno familiar.

 

El sistema educacional cubano pudiera promover el enriquecimiento artístico y espiritual humano a partir de la mejor preparación de los pedagogos y su personal ejemplo.

 

El reto está planteado: rescatar el gusto estético, y darle la merecida estocada a lo deslucido y grotesco.

Comentarios   

0 #1 jablanco 20-02-2017 17:52
Desgraciadamente esas personas no leen el Venceremos (ni impreso, ni digital).
En cuanto a quienes "decoran" sus fachadas, si pueden establecerse normas que regulen este proceder, al menos para que no proliferen dentro del entorno urbano, de hecho las regulaciones urbanas existen, lo que habría es que acotar el alcance de las mismas, dejar claro que acciones se deben hacer y cuales no…pero eso solo no basta, hay que hacerlas cumplir y preparar mejor a los encargados de hacerlas valer. Y como no, dar el valor necesario a nuestros arquitectos para que no venga un alguien a crear pautas en cuanto al diseño de una vivienda, que por demás perdura...
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