manaoLo que más le gusta a Manao son los caballos y servir a la Revolución. “Eso he hecho toda mi vida y lo haré hasta que me muera”, dice este hombre, a quien lo apodan así, porque de esa misma manera afable se dirige a sus conocidos.

Y es que Omar García Ricardo, socio de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Luis Rustán, del municipio de Guantánamo, nació en el Realengo 18, casi montado en uno de esos animales, y de su padre aprendió a tratar con ellos.

De esas lomas, bajó enamorado de su esposa, quien vivía en Matahambre, y luego se trasladó a Santiago de Cuba pero, al parecer, tomar agua del río Guaso lo hechizó para siempre y se vio obligado a regresar a la ciudad de Guantánamo, donde lleva más de 30 años.

Reconocido, pero poco atendido

El amor de Manao por los caballos es tan grande que después de llegar a ser un portentoso cochero en el Guaso, desde hace una década es uno de los cinco criadores de equinos de raza pertenecientes al Centro Nacional de Control Pecuario (CENCOP), registrado a nivel nacional.

Él, como los demás criadores privados y centros de cría estatales, se dedica a reproducir caballos de la raza Quarter Horse, muy versátiles, resistentes, dóciles, de alto nivel de mansedumbre e idóneos para la ganadería y la equinoterapia, con el objetivo de comercializarlos para ser utilizados como medios de trabajo en ese sector, fundamentalmente, servir de sementales o presentarse en ferias nacionales, según sus cualidades genéticas.

Empezó con tres yeguas y ahora cuenta con 34 equinos (23 de raza), de los cuales 12 son hembras, 14 potrancas, cinco caballos y cuatro potros, además de cuatro mulos. “Los dos primeros sementales Cuarto de milla, como también se le llama a esta raza, los compré en el Centro Equino de Genética, de Rancho Granadillo, y con ellos y las tres hembras he ido logrando los demás”, explica.

Al decir de especialistas de la Empresa provincial de Flora y Fauna, criar esos animales es una actividad muy costosa que requiere de mucha dedicación, pues necesitan una alimentación exigente, servicio veterinario, atención fisiopatológica para la reproducción, además de las acciones de doma, amansamiento…

Por eso, no es suficiente el amor y la dedicación de Manao para que sus ejemplares mantengan las cualidades genéticas y fisonómicas de su buena raza, sobre los que mantiene el control estricto: nombre de cada caballo atendiendo a la descendencia de la madre y el padre, y el número de registro.

Lo que más lo afecta es la comida. “Tres años atrás, luego de visitar mi patio, funcionarios del Ministerio de la Agricultura me aprobaron la asignación de seis toneladas de pienso para los animales, pero solo garantizaron dos en el primero de ellos. Desde entonces, no han dado ni una libra más de ese alimento, que me corresponde”, se lamenta.

“La Subdelegación de Ganadería de la provincia, que debe atendernos, no garantiza nada. La única que sacó la cara fue la dirección de mi CCS, que me vendió a principios de este año, 11 sacos de precuí y 12 de aflecho, insuficientes, pero que al menos ayudaron a sortear la sequía por unos días”, aclaró.

Sin embargo, como socio de la Luis Rustán, este ganadero está en la obligación de establecer relaciones contractuales con la junta directiva de la cooperativa, basadas en intereses mutuos de ambas partes, entre los cuales debe haber un acápite referido a la garantía de alimentos para los animales, sin contar los que él mismo tiene que producir.

Mientras tanto, Manao se crece ante esas dificultades y todos los días sale a guapear duro para mantener vivos sus caballos: en tiempo de zafra, especialmente este año, cuando el azote de la sequía fue mayor, buscó cogollo en los cañaverales de Argeo Martínez, y recogió bagazo en guaraperas de la ciudad…

“Eso no asegura la recuperación de los animales, pero va amortiguando el golpe”, dice quien por escasez de comida tuvo que lamentar la muerte de siete potricos, hace poco más de un mes, y de otros 20 por falta de medicamentos para combatir enfermedades como la Salmonella.

Un problema que ponía en serios aprietos al entusiasta, era la insuficiencia de tierra para tantos animales, lo cual fue resuelto por la Delegación de la Agricultura, que accedió a entregarle una finca abandonada en Majagual de Sierra Canasta, intrincado lugar de Niceto Pérez, hacia la cual ya trasladó a todos los brutos.

Aunque Manao está autorizado a participar en ferias nacionales, solo ha podido hacerlo en la de Granma a finales de 2013, donde incluso vendió dos potros, por el escaso apoyo de la Delegación de la Agricultura, con lo que se pierde la oportunidad de obtener ganancias también en beneficio del Estado y prestigiar a la provincia.

“A la más reciente Feria Nacional de Rancho Boyeros no pude asistir por el mal estado de los caballos, y eso en gran medida es responsabilidad de quienes tienen que asignarme la comida y no lo hacen. Felizmente, estuve en un evento que se realizó luego en Sancti Spíritus”, comenta.

Contagioso empeño

Pero esos inconvenientes no constituyen handicap para Manao, quien no desmaya en su empeño de criar animales de raza por difícil que resulte: “Mientras tengamos fuerzas, lo seguiremos haciendo”, confesó con optimismo. Como él, piensan su esposa y dos hijos quienes, impulsados por ese espíritu, se ponen en pie cada día a las cinco de la mañana para compartir los quehaceres del corral.

La esposa, Solbelicia Leiva León, es la encargada de la documentación y el registro de los equinos, pero lo mismo baña a los animales, limpia los corrales, tumba marabú que construye una cerca. Así lo hace desde que está a su lado, hace 24 años.

Por su parte, Yosmely García Leiva, la hija de 19 años, una verdadera amazona, comenta: “Me encantan los caballos, no admito que los maltraten, y desde que tenía siete años participo con mi papá en los desfiles por el Primero de Mayo y en otras actividades”.

Mientras, Omar David García, el hijo de 28 años, es el brazo derecho de la finca. Se encarga de la atención a los caballos, los doma, los amansa, los baña, les da de comer, es su médico, el herrero… y también participa en los desfiles.

“Estoy orgulloso de mi padre, los caballos son mi vida y me gusta lo que hago, ojalá pudiera hacerlo siempre, para seguir su ejemplo”, dice el joven que monta el semental más brioso de los cuatro del corral.

La tradición: el mayor orgullo

Para García Ricardo es un placer servir a los demás, especialmente a instituciones del Estado, a disposición de las cuales pone el tiempo que sea necesario, su familia, caballos, coches y demás ajuares.

Entre sus gestos más admirables está su participación, junto a esposa e hijos, en 19 desfiles por el Primero de Mayo, incluido uno al que llevó 18 de sus mejores ejemplares, en representación de la Delegación de la Agricultura, y en otros eventos de relevancia organizados en el territorio, como los aniversarios del Alzamiento en La Confianza, el 24 de Febrero.

Recuerda que, a propósito de un acto nacional en la Plaza de la Revolución Mariana Grajales, presidido por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, amansó y ensayó con un caballo por 15 días para poder ensillarlo en uno de sus coches clásicos que debía conducir al estrado a una de las oradoras, con él de calesero.

“De igual forma, tuve el privilegio de que uno de mis coches fuera escogido para trasladar a Celina González y al recién fallecido escultor Ángel Íñigo hasta la Plaza Pedro A. Pérez, de esta ciudad, donde tuvo lugar el acto nacional por el Día del Campesino en el 2009”, cuenta el humilde ganadero.

“Es una tradición, orgullo de la familia, que mantenemos porque la disfrutamos al tiempo que aportamos nuestro granito de arena a la Revolución”, asegura.

Fotos: Lorenzo Crespo y Leonel Escalona

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Comentarios   

0 #1 Rolando 04-09-2014 14:48
Un ejemplo de entrega y dedicación y un BOCHORNO para la MINAG y la ANAP que vive pidiendo esfuerzo al campesinado y no se ocupan de desempeñar con dignidad su misión, acciones como esta denigra la REVOLUCIÓN que tanto ha hecho por el campesinado, por múltiples acciones como esta es que la agricultura no avanza, los pocos recursos se usan más para lucrar que para ayudar verdaderamente al que quiere producir. Es posible que por las limitaciones existentes no se le pueda suministrar todo el pienso, pero una cantidad razonable de alimentos y medicamentos se le puede dedicar a este noble y sacrificado empeño, es triste conocer que por falta de medicamentos y alimentos se pierdan 27 potros. Ojala, que aparezca un oído receptor de estas necesidades antes que se pierda la motivación y el empeño de este productor que tanta falta le hace al país. Cuantos querrán seguir su ejemplo??????
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