alemanaElfi no sabe y por eso se le encharcan los ojos de aguas nobles cuando, de sopetón, le pregunté si es ella quien recibirá la distinción 23 de Agosto, que entrega la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) a miembros destacados de su organización o que contribuyan, desde afuera, al empoderamiento de la isleña.

Nadie le había dicho, pero bien pudiera imaginárselo. Desde que la alemana Elfi Beate Lescaille Rojas llegó a Cuba, con 20 años y atada por el amor de un cubano que le cazó el corazón en los duros fríos germanos y la trajo a las calenturas del trópico, para arroparlo entre las corrientes cantarinas y las palmas de Yateras, en 1984, ha estado sintiendo y viviendo por la FMC.

“Empecé, cuenta, como miembro de la Brigada de la Amistad, que entonces existía en la Federación. Allí intercambiaba experiencias sobre cómo funcionaba la organización (homóloga) en mi país, que además era muy parecida a la cubana, pues promovía talleres, cursos, conversatorios…”

Después, “todo lo que fue necesario”. Tanto así, que lleva 27 de sus 30 años en Cuba como secretaria de un bloque de mujeres en Virginia Café, donde vive con su actual esposo -diferente a aquel que unió para siempre su historia a esta Isla- y la menor de sus dos hijos.

La suya, dice, “es un área difícil, con problemas como embarazos en la adolescencia, familias disfuncionales, personas desvinculadas del estudio y el trabajo y violencia intrafamiliar que, por lo general, no se denuncia por cuestiones culturales, porque muchas no entienden que el maltrato no es solo físico, se manifiesta de muchas maneras”, enfatiza.

Tuvieron, también, tiempos duros en la organización. “El trabajo, en ocasiones, se afectó por la poca participación de jóvenes a las actividades, ocupando cargos de dirección…, pero desde hace unos cinco años nos fortalecemos. Ahora mismo -dice, con no velado orgullo- estamos a un 98 por ciento de incorporación de féminas a la FMC, eso es buen síntoma”.

Bien adentro, mientras lucha por las cubanas, Elfi lleva el orgullo de que su país sea el de Clara Zetkin, una de las más fervientes luchadores por los derechos de la mujer en la historia mundial y quien propusiera la celebración del Día Internacional de la Mujer.

El arraigo la llevó a conseguir que le mandaran de su tierra natal una foto de la luchadora y la colocó en la escuela del pueblo, “junto a Martí, Maceo, Máximo Gómez y el Che, porque creo que vale la pena rendirle homenaje a quien hizo tanto por las mujeres. Es también, una manera de sensibilizar a los niños y las niñas con nuestros derechos, desde la historia de Clara”.

Esa circunstancia, confiesa, “me hace sentir que lucho por algo propio, por algo mío, que nació en mi país, y por lo que nuestras compatriotas lucharon y se esforzaron. Es una de las razones por las que quiero tanto a la FMC”.

Todo, mientras trabajaba como enfermera y se superaba, tan en serio, que alcanzó la categoría científica de Máster en Atención integral al niño y Especialista en primer grado en Enfermería Comunitaria, y hoy ocupa el cargo de vicedirectora de Asistencia Médica del Policlínico Dr. Aurelio Martínez Mejías, de Felicidad de Yateras, con una población a su cargo superior a las 17 mil personas.

No le llamen extranjera…

Lo que más trabajo le dio, a su llegada a Cuba, fue el idioma y la peor impresión, la gente viviendo en bohíos de paja y piso de tierra, que todavía abundan en algunas zonas del campo cubano.

Para lo primero, encontró apoyo en su esposo y los vecinos. “Me llamaban y me enseñaban las palabras, y yo aprendí rápido, tanto que a un año y medio de estar en Cuba empecé a trabajar como enfermera, algo que no pude hacer antes, porque sin dominio del idioma es imposible atender a los pacientes”.

Aunque nunca termina de aprenderlo. Entiende a la perfección las palabras, pero su lengua todavía se resiste a las palabras más complicadas. La erre, sobre todo, se intuye más que se siente en su discurso, que se complica cuando hay tensión de por medio.

“No soy como algunos extranjeros que cuando se incomodan hablan en su idioma natal. Yo sigo con el español, pero eso sí, no hay quien me entienda”, reconoce, jocosa.

Lo segundo, todavía la sorprende.

Con la llegada del período especial, a raíz de la caída del campo socialista, resistió junto a los cubanos la crudeza del desabastecimiento, “aunque ya había vivido la escasez en mi país, en la década del 70, pero no tan severa”.

Lo peor fue la década que pasó sin comunicarse con su familia en Europa. “En medio de todo, lo que más dolía era no saber cómo estaban, qué era de sus vidas”, rememora.

Ser extranjera, “residente permanente en Cuba”, como se apura en rectificar, no ha sido un problema, ni en su activismo en la Federación ni en su vida profesional o social:

“Cuando entré a Cuba, me dijeron que tendría los mismos derechos y los mismos deberes de los que habían nacido aquí, y así ha sido. Aquí me superé, tuve a mis hijos que estudiaron y son buenos trabajadores, y siempre he tratado de aportar, nunca de crear problemas”.

Y ha echado raíces, aunque a veces el gorrión se instale en su cabeza, sobre todo, para extrañar la comida de su país, muy diferente a la esta Isla donde desde que llegó dejó de ser Elfi para convertirse, para la mayoría de quienes la conocen, sencillamente en La Alemana.

Se acostumbró a regresar a su Köthem natal, -parte de la entonces socialista República Democrática Alemana, donde su primer esposo laboraba como ingeniero en una fábrica de plásticos-, cada tres años para ver a su familia, pero desde allá, extraña Cuba.

“Cuando me separé de mi primer esposo, pensé en regresarme, pero en aquel momento tenía a mis hijos, a mi trabajo, planes…, y creo que no hay vuelta atrás. Quiero a mi madre, y a mis hermanos, pero estando con ellos, extraño la vida, las relaciones con las personas, que cuando pases la gente te salude y te pregunte cómo estás”.

Tan adentro lleva Cuba esta alemana, que cuando en el deporte sus dos países se enfrentan, prefiere no ver. “Porque no sabría a quién preferir, sería traicionar a uno de los dos y con eso no puedo”.

Foto: Leonel Escalona Furones

Comentarios   

0 #1 nolberto 16-12-2014 15:49
quien puede inmaginarse este caso... realmente casi todas las personas cubanas() lo que piensan es salir, ver disfrutar, conocer... otros paises pero que de otro pais se queden a vivir en el de nosotro, es asombroso y mas en que provincia y municipio fue a parar.. jajajajjaja
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