edificio mas estrecho

Canadá tiene al Sam Kee, con una base de un metro y medio de ancho, y los Estados Unidos su Skinny Building, que no llega a esa cifra y no se ensancha, como el de Vancouver, en la parte superior…, pero si le preguntan a un maisiense dirá que el edificio más estrecho del mundo está en La Asunción.

 

A unos siete metros de la carretera que une a la capital provincial con la tierra más oriental de Cuba se erigen sus cinco pisos, descritos en la Resolución 9 del 15 de noviembre del 2008, del Registro de la Propiedad de Maisí.

 

El documento lo asienta con una “superficie total de 54 m2: 12 metros por su frente y fondo, y 4,50 por cada costado: Su valor legal asciende a 3 mil pesos en moneda nacional”.

 

Concuerdan historiadores y lugareños que la construcción fue mandada a erigir como despulpadora de café por el terrateniente Manuel Gallinar Marcos -la obra se terminó en 1955-,  y con ese fin siguió en los primeros años de la Revolución hasta que pasó al patrimonio de la Empresa provincial de la Construcción (Epcons) en ese municipio.

 

Pero lo que es orgullo inquebrantable para los locales, y ha sido noticia más de una vez en diarios y revistas, hoy es una pena a los ojos, un monumento al olvido y la desidia, y el vivo ejemplo del cuchillo de palo en casa del herrero.

 

Hoy, luego de explotarlo durante varias décadas e introducirle algunos cambios en la fachada, la carpintería y otros aditivos necesarios para adaptarlo a una oficina, la Epcons planea mudarse a otro edificio.

 

Robin Rodríguez Acosta, director de esa entidad, explica que la idea por lo menos en  los últimos tiempos “fue irnos a otro local que respondiera a nuestras necesidades, por ejemplo, tener patio para los camiones y acumular algunos recursos, algo imposible en el actual”.

 

Una decisión que se adereza con las malas condiciones del sitio, luego de años sin mantenimientos o mejoras. “Sobre todo, deterioro de los entrepisos, la cubierta y la carpintería, especialmente en los primeros, que están desconchados, tienen oquedades y el acero expuesto”, pasa inventario el también ingeniero en Construcción Civil.

 

No obstante, reconoce que “ciertamente, lo que está pudiera haber sido salvado” y que a pesar de todo lo anterior, “no existen evidencias ni dictámenes técnicos que declaren que, estructuralmente, está en mal estado y tiene algún peligro de derrumbe”, al tiempo que asegura que, a la luz del ritmo de ejecución del nuevo edificio, “seguiremos aquí por lo menos en lo que resta de este año”.  

 

Ninguna institución, cuando por fin el edificio sea cedido por la Epcons, ha reclamado ocupar esos predios corroídos al punto –sobre todo la escalera, que es exterior- que el paso hacia los dos últimos niveles se cerró hace unos dos años.

 

De modo que el destino para el que pudiera ser el edificio más estrecho de Cuba, y todavía podría incluirse en uno de los más angostos del mundo, parece no existir en absoluto. Ariolkis Matos García, vicepresidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular confirma lo que ya teme más de un local:

 

“Las condiciones estructurales del lugar, aunque no tiene peligro de derrumbe, son malas y ello, sumado a las propias características del edificio hacen que no encontremos un uso posible para este, de modo que decidimos demolerlo”, se explica el funcionario.

 

María Teresa Gámez Navarro, directora del Museo municipal explica que en el territorio existen unos 200 sitios arqueológicos y siete monumentos locales, pero el edificio no califica entre ellos, “aunque me atrevería a decir que forma parte de nuestro patrimonio cultural y sentimental”, comenta.

 

“No creo, sinceramente, que sea desechable”, recalca y ya se lo imagina como un museo del café –objetos de valor tienen suficientes, desde libros de actas que son enciclopedias del cultivo en los cincuenta, hasta cuños, pesas, pilones…-, o quizás como una iniciativa local incluida en alguna ruta turística, salvado para bien de un municipio que, de tanto encontrárselo en el camino, de tanto incluirlo en sus historias, es ya su legítimo dueño.

 

Otro que no está de acuerdo es Eloy Puig Navarro, que a sus 72 años cuenta cómo funcionaba en “aquella época” la despulpadora, que no era una, sino tres, ubicadas en el último piso, adonde se encaramaba de muchacho con otros del barrio, a ver trabajar a los hombres.

 

“El cerezo entero se vertía en un hueco que antes estaba donde ahora hay una especie de balcón, y desde allí se alzaba hasta arriba. Por un lado, salía la cáscara y por el otro el grano ya lavado. El movimiento, en tiempos de zafra, era mucho y nos daba vida”, rememora.

 

Lo atesora en más de una forma en su memoria de septuagenario y asegura que guarda, como un tesoro en su casa, un reportaje que salió en la revista Bohemia donde se narraba la historia que él, cual guía orgulloso, me cuenta.

Comentarios   

0 #1 Magrid 22-04-2016 05:04
Una verdadera pena... Nosotros, los maisienses, como siempre ... A la espera de que los de afuera tomen iniciativa. Como es posible que nos desprendamos tan fácilmente de nuestro patrimonio.
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0 #2 Y@i 10-05-2016 19:12
Realmente se puede usar incluso como atracción turística... después de todo es el más estrecho del mundo, ¿no?
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+1 #3 Maritza 13-05-2016 19:21
Un museo seria lo ideal, donde pongan en exposición todo lo referente al café, creo yo, con una buena pinturita y arreglitos quedaria como nuevo..
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