conrado monier premiadoConrado Monier acumula importante trayectoria como arreglista y compositor, especializado en la música coral.

Conrado Monier Ribeaux es quizás una de las personalidades más trascendentes del actual panorama musical guantanamero. Graduado de la Escuela Nacional de Arte (ENA) en 1979, en la especialidad de saxofón, acumula importante trayectoria como arreglista y compositor, especializado en la música coral, con obras que integran el repertorio de varios conjuntos.

Sin embargo, quien lo ve, conversa o ha convivido con él, sabe que no se deja llevar por loas; para este hombre, la mayor recompensa yace en ver el fruto del trabajo, o más bien, escucharlo, en la interpretación de alumnos de la Escuela Antonia Luisa Cabal, de Guantánamo; en el Colegio Esteban Salas de Santiago de Cuba, la Banda de Conciertos provincial...

 

Pasado 40 años desde que se convirtiera en artista, Venceremos se acerca al singular personaje, quien entre lauros ostenta el Premio de Honor Cubadisco 2015 y la Distinción por la Cultura Nacional.

 

Rítmico desde la cuna

 

Hijo primogénito de Conrado Pedro Monier Chivas (Tito Monier), un destacado y carismático músico y lutier, y de Elisa María Ribeaux Maceo, nace en Guantánamo, en el seno de una familia imprescindible para la música local. Es en casa, entre sones, boleros y changüíes, junto a sus hermanos, y también destacados músicos, donde empieza a surgir la vocación.

 

“Mi padre era carpintero ebanista, hacía todo tipo de instrumentos musicales y sabía tocar guitarra. Incluso estuvo en agrupaciones y se hizo trovador. Poseía gran voz de sonero, con timbre peculiar y amaba la música; algo que trasmitió a los cuatro hijos.

 

“Al crecer todos nos inclinamos por esa manifestación. Iniciamos estudios en Guantánamo en 1963 en la academia que dirigía Antonia Luisa Cabal. Tusy fue como mi segunda mamá, me orientó, guió porque vio talento en mí y no la defraudé; por eso cuando me gradué, regresé a trabajar con ella hasta sus últimos días. También recibí lecciones de Rafael Inciarte Brioso y Rolando Fernández, figuras decisivas en mi formación.

 

“El nivel medio lo cursé en la ENA de La Habana. Había hecho el pase de nivel en viola, pero tenía las manos muy pequeñas y tuve que cambiar a saxofón, aunque también sabía tocar piano y violín, algo que me ha servido mucho a la hora de escribir para los diferentes formatos musicales.

En la capital estuve bajo la tutela de grandes profesionales como la húngara Agnes Kralovszky, quien me enseñó música coral, y los saxofonistas Miguel Villarruela y Osvaldo González, con el último de los cuales di los primeros pasos en el saxo. Asimismo tuve de compañeros a personalidades como Joaquín Betancourt, Adalberto Álvarez, José Luis Cortés (el Tosco)…”

 

Arreglista y Compositor

 

“A mí siempre me ha gustado investigar, conocer por qué las orquestas americanas, cubanas y europeas tenían sonoridades distintas; esa indagación alumbró en mí el deseo por hacer orquestaciones propias.

 

“Fue Orlando Vistel Columbié, ex presidente del Instituto Cubano de la Música, quien me indujo a participar en los concursos de música popular que se hacían en La Habana para formar una orquesta sinfónica gigante y banda de jazz, con lo mejor de la escuela. Me tocó montar un tema para saxofón alto, que interpretó Miguel Villafruela. Ese fue mi primer arreglo.

 

“Luego vino el grupo estudio creado por Rafael Inciarte, quien tocaba con Compay Segundo, y Juanito Inglés, que trabajaba con Pachito Alonso. Ellos querían defender la música cubana y me nombraron director del conjunto, cuando me quedaban dos años para graduarme. Yo hacía los arreglos en la Habana y ellos los montaban. En Guantánamo esas piezas se interpretaron en la inauguración del poligráfico, junto a Omara Portuondo y otros artistas.

 

“Lo coral, por otra parte, lo llevo bien arraigado en mí: estuve 26 años ininterrumpidos vinculado a ese tipo de formato. De hecho la primera vez que viajo al extranjero fue para el concurso internacional de coros en Viena, Austria, donde ganamos el segundo lugar con piezas cubanas, que Conchita Casals ex directora del Lírico de Holguín, y yo, adaptamos. Ese fue uno de los más relevantes éxitos del movimiento coral.

 

“Desde entonces he hecho composiciones de obras de Nicolás Guillén como La tarde pidiendo amor, Mulata, Me vendo caro, con las que obtuve el tercer lugar en un concurso nacional en 1988; mientras que con el Canto del bongó, a la que le incluí reginas del changüí, conquisté mención en el Concurso de Música Coral que auspician la Agencia Cubana de Derecho de Autor Musical y el Instituto Cubano de la Música. Todas por composiciones auténticas.

 

“Aunque esas han sido dos facetas importantes en mi vida, yo siempre he dicho de soy más arreglista que compositor. Porque el primero abarca muchas áreas del conocimiento, requiere mayor bagaje cultural, demanda explorar múltiples aristas musicales, para ponerle los diferentes instrumentos a las letras de un autor, ello garantiza que la obra triunfe o perezca en el tiempo.

 

“De hecho mis primeras creaciones para coro fueron a partir de desarreglar lo que estaba hecho, incluso con obras de Electo Silva, lo que me trajo algún que otro problema, pero era cosa de jóvenes, siempre ansiosos de hacer.

 

“Por otra parte, también incursioné como productor discográfico con fonogramas como Semblanza Musical Guantanamera (1985), Cantan los niños (1995) que obtuvo el Premio EGREM de Música Infantil; Me doy a Querer (2004), del Coro Masculino de Guantánamo; Mi Aldea (2004), de la Banda provincial de Conciertos; así como Reparador de Sueños, de Schola Cantorum Coralina, que obtuvo premio especial Cubadisco en el año 2009.

 

La música es sacrificio y amor

 

Hacer arte apenas deja tiempo para el descanso, demanda casi olvidarse de la familia, para estar atrincherados y producir… esclavizado de la música, así se confiesa Monier, tras cuatro décadas de labor, que incluyen su etapa como educador en las escuelas de música de Guantánamo y Santiago de Cuba.

 

“Desde 1979 ejerzo la docencia, porque a uno lo preparan como profesor e instrumentista. Enseño sorfeo, armonía, contrapunto, morfología, y saxofón, además de ser orquestador de la banda de conciertos de Guantánamo, y digitalizador. También doy clases de armonía popular, que se relaciona con las matemáticas, la geografía, la historia… por eso uno siempre debe estar preparado, porque equivocarse con el género, implica cambiar el país y estilo.

 

En educar y crear se le han ido estos años a Monier, fructíferos tanto en lo profesional como personal y familiar. Habrá que hablar siempre por ejemplo de su tiempo junto a la pianista y esposa Carmen González Vidal; y también como a principios de diciembre de 2018 estuvo en Suiza, invitado por la iglesia católica.

 

“Ellos interpretaron piezas que arreglé para una misa latinoamericana y cubana; ver el placer con que fueron acogidas, me trajo mucha alegría; porque al final lo importante es que la obra llegue a la gente, ya sea en el repertorio del Coro Nacional, del Schola Cantorum Coralina, el cuarteto Vocal Vidas u otros conjuntos de Venezuela, España, Canadá, Chile, Argentina, que tocan cualquiera de las obras a las que agrego mis compases”, concluye Conrado.

Comentarios   

0 #1 Elio Antonio 14-02-2019 14:11
Hola :-)

Honor a quien honor merece.

Saludos #DesdeGuantánamo
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