inicio revolucion gtmo3El combatiente del Ejército Rebelde Luis Figueras con solo 15 años. Fotos: L. A. M. y cortesía del entrevistado

En la foto estudio, un espigado Luis Figueras esboza una sonrisa a medias. La imagen no es la típica del adolescente imberbe y sus preocupaciones: desde el papel de brillo, un jovencito mira a la cámara, enfundado en un uniforme militar que le queda notablemente grande y con un fusil Springfield en la mano derecha, que empuña despreocupadamente. Tenía entonces, me dice, solo 15 años.

Los había cumplido en un campamento del Ejército Rebelde, un bohío en la zona de Casiséis cercano a El Sigual, hoy Manuel Tames y antes un barrio rural de Guantánamo, y todavía los cargaba aquel primero de enero cuando un soldado que regresaba del central Isabel (actual Honduras), dijo haber escuchado en una emisora extranjera que Fulgencio Batista había abandonado el país.

En el campamento, recuerda, “quedábamos unos pocos, pues casi toda la compañía había salido para la toma de Guantánamo, el día primero. En eso nos sorprendió la huida del tirano”.

Así fue que quinceañero marchó sobre la ciudad con el resto de la Columna 18 en la madrugada del 3 de enero, y recibió abrazos y besos, con su escopeta de perdigones bien a resguardo, como un asistente privilegiado de la concentración popular más grandiosa que recuerda a la altura de sus 74 años.

“La alegría es indescriptible. Todo el mundo estaba en la calle, desde Jamaica, pero también en el camino. Sencillamente, sin que nadie los mandara, la gente salió caminando para la ciudad, así que te encontrabas en la carretera los grupos celebrando, abrazándonos, halándonos los pelos…”.

Figueras fue enseguida a su casa. Pasó por el barrio, saludó a los amigos, a los vecinos y llegó a su casa, donde ya estaba la familia, que había salido huyendo del asedio de la tiranía hacia El Congrí, en El Salvador.

Unos días después, en un estudio en Carretera y Cuartel pintado de verde, se capturó la foto de tamaño mediano que permanece enmarcada cerca de su mesa de trabajo, una reproducción hermana de otra un poco más grande que ha sacado, para mí, de entre sus recuerdos.

Lo que pasó antes es un cuadro que ha ido confeccionando con los años, la búsqueda bibliográfica y la entrevista a decenas de protagonistas que le han dado la perspectiva exacta como historiador para entender esos días y su propio aporte en la contienda, desde sus primeras acciones en la clandestinidad como parte del Movimiento 26 de Julio hasta los meses que pasó alzado en el monte…  

inicio revolucion gtmoConcentración popular junto al Ejército Rebelde tras el triunfo de las armas verde olivo. Fotos: L. A. M. y cortesía del entrevistado

El antes

Para finales de 1958, bajo la fuerza del Segundo Frente Oriental Frank País, casi todo oriente ya era revolucionario. En lo que se conoce como la actual provincia de Guantánamo, integrado entonces por el municipio homónimo, Yateras y Baracoa, solo la ciudad capital permanecía en manos de la tiranía.

“Más de mil soldados se encontraban acorralados en la ciudad, y digo acorralados porque no tenían capacidad de movimiento y se habían atrincherado en varias instituciones civiles. Los rebeldes, ya estaban apostados en Cuatro Caminos, la entrada del puente de Barceló, el entronque de Jamaica, Montgomery, la Escuela Vocacional, y en la Loma de la Piña. Llegó un momento en el que las fuerzas se podían ver entre ellos”.

Para entonces, se habían pasado a los barbudos medios blindados y aviones del ejército batistiano. Para el primer día de 1959, precisa Figueras, solo la tozudez del coronel Arcadio Casillas Lumpuy se interponía entre el pueblo guantanamero y la Revolución.

“Casillas era, y él lo sabía, un asesino y, por eso, tenía claro lo que significaba rendirse. Ya Fidel había prometido que los criminales serían juzgados”.

Las órdenes de Raúl Castro , jefe del Segundo Frente, era evitar derramamiento de sangre y así se hizo. El día primero, el combatiente rebelde Enrique Faure camina por la ciudad, a plena luz del día, hasta las posiciones contrarias en la zona norte de la ciudad, donde hoy se ubica el Politécnico de la Salud.

“Va vestido con la ropa de los insurgentes y lleva una carta que debía entregar al jefe principal de los batistianos, así que lo conducen hasta el Instituto de Segunda Enseñanza, y de ahí a la casa del coronel, que lo atiende pensando inicialmente que era un mensaje de Almeida, cuando en realidad era de Efigenio Ameijeiras, jefe de la Columna 6 y en ese momento al frente también de la 18 y la 20, las fuerzas destinadas para la toma de Guantánamo”.

Hay contactos entre los bandos esa misma tarde, pero el encuentro entre los principales jefes, de un lado Efigenio, Samuel Rodiles y Demetrio Montseny Villa, y del otro, el coronel Casillas Lumpuy, se dilata.

inicio revolucion gtmo2Toma de la estación de la policía, donde hoy está la escuela primaria Desembarco del Granma (Martí esquina a Pintó). Fotos: L. A. M. y cortesía del entrevistado

“Entonces Efigenio decide entrar a la ciudad con sus fuerzas y va hasta el Instituto de Segunda Enseñanza, se encuentra con el coronel, hablan fuerte, pero no llegan a ningún acuerdo”, resume el historiador.

Seguidamente, relata el libro Guantánamo: Insurrección. Apuntes para una cronología crítica, que escribió Figueras junto a su compañera de vida Marisel Salles, los rebeldes van hacia el aeropuerto, en el actual reparto Obrero y toman, sin disparar un tiro, la compañía reforzada que guardaba esa posición.

Luego, bajan por toda la calle Paseo con varios blindados hasta donde se apostaba el Escuadrón 16 de la guardia rural, actual escuela primaria Rodolfo Rosell, cuyos efectivos estaban en posición de combate. A los rebeldes, asegura el historiador, los sigue un mar de pueblo.

“Efigenio se sube a un camión y empieza a hablarle a los soldados. Hay uno, con una ametralladora 30, que lo tiene encañonado, pero ahí está el pueblo, combatientes de las Columnas 6, 18 y 20 (que, a su paso, tomaron todas las posiciones enemigas) y el tirano huyó, así que no disparan. Casillas ve el panorama, se abre paso hasta el jefe, lo hala por el pantalón, lo increpa y es lo último que hace como jefe militar”.

En la madrugada, el rebelde ordena a sus fuerzas que entren y lo hacen, avanzan entre el pueblo, que se confunde, penetra también en la guarnición. “Por eso digo que Guantánamo fue tomado por el Ejército, pero también por la gente, porque su presión contribuyó a desmoralizar las tropas y evitó el baño de sangre”.

Guantánamo, finalmente, es libre y se designa a Demetrio Montseny Villa como jefe de la plaza. Es 2 de enero de 1959. Figueras, y otros hombres de la Columna 18, llegan a la ciudad en la madrugada siguiente. La gente, a esas alturas, sigue sin dormir. Los comercios, las calles, están paralizadas. El pueblo acata aún el llamado de Fidel a la Huelga General.

Durante esos días se desarrollaban los primeros juicios contra los principales criminales de guerra del ejército batistiano, que tuvo como principales locaciones los actuales Palacio de los Matrimonios y Biblioteca Policarpo Pineda.

Una de las mañanas siguientes se haría la foto que atesora en la casa familiar, ya con un fusil y un pantalón entero que ocupó a un piloto mientras se desarmaba el Escuadrón 16 y, en la tarde, viviría una de los episodios más impactantes de su vida.

“Ese día no me tocaba custodiar los bajos del Ayuntamiento, pero estaba, y en un momento un compañero de guardia me pide que busque en el trabajo de mi padre, maestro panadero, unos pasteles. Cuando regreso, ya los primeros condenados a muerte, incluyendo a Casillas, estaban montados en el camión que los llevaría al cementerio, donde serían fusilados. Iban amarrados a la espalda, así que nadie sabe cómo fue que Casillas se desamarró, le quitó un fusil a un rebelde y empezó a disparar, matando casi al instante al conductor del camión.

“Quien estaba cerca y tenía un arma disparó. El ruido era ensordecedor y todavía hoy me pregunto cómo no perecieron otros rebeldes o pobladores en el fuego cruzado. La sangre corría en el camión, donde solo Miñingo no murió al instante, era tanta que fue necesario un carro de bomberos para limpiar la calle. Los cuerpos fueron llevados al cementerio.

inicio revolucion gtmo4El combatiente e historiador Luis Figueras en la actualidad. Fotos: L. A. M. y cortesía del entrevistado

“Eran los días de la justicia revolucionaria, un proceso que tuvo sus críticos pero contó con el respaldo del pueblo, que conocía a los que mataban, sabía quién era el que arrancaba uñas, torturaba…, y era el que había sufrido todo eso, el que había perdido al hermano, al hijo, el que había padecido miedo.

“A estas alturas, sostengo que fuimos justos. Los sicarios fueron llevados a cortes militares, se les asignaron abogados de oficio y resultaron juzgados. Algunos, con pruebas sobradas y hasta confesiones, recibieron la pena máxima, otros varios años de cárcel. En mis años de investigador, no he encontrado a uno solo que fuera inocente, no me consta que hayamos ejecutado o apresado injustamente”.

Esos fueron los primeros días del triunfo. Luego, me dice, llegó la hostilidad del Norte, las campañas cubanas, las construcciones, las fundaciones…, la Revolución a fin de cuentas, pero esa, ya es otra historia. 

Comentarios   

0 #1 Elio Antonio 06-01-2017 14:40
Hola:-)

Creo que lo único que puedo hacer es felicitarlos por este trabajo y querer aún más a mi revolución y las personas que la ha hecho.

Saludos;-)
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Guantánamo en el Lente

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