yurixa campesina del valleFoto: Lorenzo Crespo Silveira

Escoger entre dos carreras nunca es fácil –asegura Yurixa Fuentes Romero graduada de Ciencias Humanísticas y habitante del poblado de Guaibanó, en el municipio guantanamero de San Antonio del Sur -quien tras 12 años de magisterio dijo adiós a las aulas para trabajar en el campo.

 

Desde temprana edad –reseña- sintió atracción por la tierra y los animales, “participaba en todos los rodeos de la zona”, comenta la también graduada de Técnico Medio en Agronomía.

 

“Mi afición siempre fueron los caballos, la siembra y la naturaleza, pero tuve que decidirme entre la carrera universitaria y la formación tecnológica”, precisa esta joven de 33 años, quien hace seis meses labora en la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Manuel Sanguily, donde se desempeña como organizadora e ideológica.

 

“Al casarme, vine a vivir junto con mi esposo Gabriel Gomero Sanguerré y mis tres hijos a Guaibanó, pero no tenía entonces donde ejercer el profesorado. Después de buscar varias alternativas de trabajo me percaté que esa era mi oportunidad para dedicarme a la tierra –otra de sus pasiones-”, recuenta mientras añade, que sin titubear cambió la tiza por el surco.

 

En la CCS

 

Con sombrero de yarey, camisa verde olivo de mangas largas, pantalón oscuro y botas -vestuario que no le resta feminidad-, Fuentes Romero recorre de lunes a sábado más de 15 kilómetros –en Valiente, su caballo y medio básico de la empresa- para llegar de su casa a la cooperativa.

 

“Salgo bien temprano para estar antes de las ocho de la mañana en el trabajo. Allí, los campesinos y yo discutimos el acontecer nacional e internacional, porque debemos estar preparados y actualizados. También, designamos un compañero que se encarga por semana de la limpieza y embellecimiento del centro, además del cuidado del busto de Martí.

 

“Luego entramos al campo y comenzamos cada cual con lo que nos toca. Yo, a pesar de tener otras responsabilidades, apoyo en la recogida de frutos o cualquier tarea que esté pendiente”, ejemplifica sobre lo que son sus acostumbradas jornadas laborares, que en ocasiones se extienden más allá de las cinco de la tarde.

 

No todo es trabajo y exigencia –refiere Romero Fuentes- pues suele reunirse periódicamente con sus muchachos para saber si tienen algún problema profesional y/o personal en el que pueda tenderle la mano.

 

 

La decisión de Yurixa

 

Aunque le gustaba el campo, esta joven baracoense de nacimiento, se decidió primeramente por la enseñanza y la superación, sin saber que la vida la aguardaba con otro destino.

 

“Ahora estoy mejor preparada para atender la tierra, pues con mis conocimientos sé que puedo explotar y aprovecharla mucho mejor, y como dice el viejo refrán: hierba que está para ti no hay chivo que se la coma”, comenta satisfecha de haber materializado una de sus antiguas pretensiones.

 

“Debuté con diabetes y cardiopatía en medio de bregar agrícola razón por la que mi esposo, luego de 14 años en tropas especiales, pidió la liberación para atenderme hasta que yo mejorara el estado de salud”, reconoce y destaca la actitud de su pareja, también integrada a las labores agrícolas.

 

Confiesa su deseo de poder contar con su propio caballo y asegura que solicitará un terreno para criar animales de corral, sembrar maíz, boniato, calabaza y frijol gandul, entre otros productos agroalimentarios.

 

“En casa todos se pegan a trabajar conmigo, desde mi hijo más pequeño, de cinco años, quien recoge maticas del piso, arranca hierbitas… hasta el más grande, de 16, quien no dedica mucho tiempo al campo debido al estudio, porque asegura quiere ser médico.

 

“Para mí trabajar en Educación fue y es una experiencia inolvidable, es gratificante ver a tus alumnos graduados sin importar la carrera, es satisfactorio saber que contribuiste a la formación de un profesional y de una mejor persona, es igual que plantar una semilla y ver florecer sus frutos”, explica mientras demuestra la semejanza entre la educación y la tierra.

 

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